A diario escuchamos a diversos actores aplaudir el crecimiento económico que por quince años experimenta nuestro país. En ese sentido los políticos y la macroeconomía nos dicen que vamos por buen camino, es decir, la pobreza se ha reducido en algunos sectores, las reservas internacionales son abundantes y las inversiones extranjeras se anuncian casi todos los días. Pero los últimos estudios económicos de la Universidad del Pacífico señalan que el actual modelo de crecimiento es insostenible, por lo tanto, el milagro peruano no es tan real.
Los economistas Jürgen Schultd y Bruno Seminario recientemente han publicado el libro “Cuando despertemos en el 2062: visiones del Perú en 50 años”, en el cual señalan que el modelo económico primario exportador tiene una serie de defectos, es lo que se llama la maldición de los recursos naturales. Los países que han seguido este modelo extractivista, en su mayoría han enfrentado crisis.
La probabilidad de que fines del 2020 haya una contracción de la economía es bastante alta, por lo tanto, exagerar con inversiones mineras es muy peligroso. No se puede seguir caminando sobre la base de la minería ya que en cualquier momento los precios de las materias primas que exportamos caerán. Es por ello que resulta necesario diversificar la economía. ¿Cómo se manifestaría esa crisis? Bajan los precios de las materias primas, se reducen los ingresos por minería y el Gobierno ya no tendrá la libertad para impulsar políticas de inversión pública y programas sociales.
Los gobiernos regionales deberían destinar el dinero al desarrollo de las cadenas productivas, pues ningún país se ha desarrollado sin el agro y todo parece que en nuestro país no hay interés por desarrollarlo. Debería diversificarse la economía y en ese sentido, la oferta turística también forma parte de las buenas políticas. Noruega, Australia y Canadá basaron su crecimiento en la explotación de sus recursos naturales, pero los excedentes invirtieron en educación, en sistemas de innovación tecnológica y científica. Ellos han trasladado los beneficios de esas exportaciones a mejoras en la estructura productiva de largo plazo y ahí es donde el Perú no ha hecho su trabajo. Es imprescindible apostar por la educación y realizar reformas institucionales.
Prosperidad australiana:
Señala el economista Eduardo Morón que Australia prosperó hace 150 años y desde ahí nunca dejó de ser una economía desarrollada, a pesar de que sus altos ingresos se debieron al boom de la lana de oveja y al descubrimiento de enormes yacimientos de oro. Si bien muchos países tienen abundantes recursos naturales, la mayoría no ha podido salir del subdesarrollo y mucho menos sostener su nivel de riqueza.
Australia creció cuando la economía mundial creció, gracias a estar comercial y financieramente integrada al mundo; además de tener sólidas instituciones comprometidas con el crecimiento y una adecuada redistribución de esos ingresos. La minería no fue el único motor del crecimiento australiano, pues tan importante como el oro fue la actividad asociada al ganado ovino. Las ganancias de la explotación del oro no solo se invirtieron en cosas que brindaran bienestar en el presente, sino que se hizo en educación, tecnología e infraestructura para las generaciones futuras.
Ningún grupo económico tuvo control absoluto de la política y eso permitió un crecimiento más balanceado en todo sentido, existiendo una gran preocupación para el futuro, pues los australianos siempre fueron conscientes de que esta riqueza es solo un regalo transitorio. Es por ello que en nuestro país deberíamos administrar mejor las riquezas que tenemos, con responsabilidad y honestidad, evitando el despilfarro y la corrupción, ya que no estamos exentos de una crisis que podría hacer retroceder lo avanzado en materia económica e inclusión social.
Pronósticos económicos:
Los nuevos pronósticos económicos del Banco Mundial y de las Naciones Unidas prevén que Latinoamérica seguirá creciendo en tasas moderadas este año, y que las economías más florecientes de la región serán las de Paraguay, Panamá y Perú. Según un nuevo informe sobre Latinoamérica del Banco Mundial titulado “América Latina y el Caribe sin viento a favor: en busca de un mayor crecimiento”, Latinoamérica crecerá un 3.3% este año y las estrellas económicas de la región en el 2013 serán Paraguay que crecerá alrededor de 11%, Panamá y Perú, que crecerán el 9% y 6%, respectivamente, según el estudio del Banco Mundial
En el medio de la tabla están algunos países con índices de crecimiento relativamente buenos como Chile, Colombia y Bolivia, que crecerán este año entre el 4% y 5%. Brasil y Argentina crecerán casi un 3%, y la economía de peor desempeño de la región será Venezuela que crecerá el 0.1%, o sea prácticamente nada. El informe del Banco Mundial señala que los vientos de cola que ayudaron a gran parte de América Latina a crecer rápidamente en la década pasada, tal como los altos precios de las materias primas y el constante aumento de las importaciones de China, ya no soplan más. Hoy, Latinoamérica se encuentra en un entorno global en el que el crecimiento futuro dependerá de las políticas de cada país, y no tanto de factores externos.
La Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe de las naciones Unidas (CEPAL), ha señalado que las economías latinoamericanas que crecerán más rápido en el 2013 serán Paraguay, Panamá y Perú. Además, indica que México crecerá 3.5%, mientras que Brasil y Argentina experimentarán una recuperación menos dinámica de la esperada. Casi todos los economistas dicen que a Paraguay, Panamá y Perú les irá bien este año por motivos diferentes; agregando que Perú se está beneficiando de inversiones récord gracias a las políticas económicas abiertas a la inversión que goza desde hace más de una década.
Andrés Oppenheimer (Los países que más crecen) señala que Perú y Panamá crecen en gran parte debido a razones internas: ofrecen estabilidad, y no cambian las reglas de juego a los inversores con cada cambio de gobierno. Y los resultados están a la vista, sobre todo en Perú donde ha disminuido la tasa de pobreza del 55% de la población al 28% desde el año 2001. Pero ¿En realidad existe actualmente estabilidad política y económica en nuestro país?
El economista Roberto Abusada Salah (Jugando con fuego) indica que para el Perú el 2008 fue un año brillante –luego que se desencadenó el terremoto económico mundial- habiendo crecido nuestra economía casi 10%, la inversión privada aumentó 25.8%, se incrementó el empleo y la recaudación fiscal de manera notable, y la pobreza siguió decreciendo fuertemente. Al año siguiente el crecimiento se desplomó hasta solo 0.9% en medio de la desconfianza e incertidumbre causadas por la crisis internacional. El Perú no tenía los problemas subyacentes de los países en crisis, sino todo lo contrario; el país poseía sólidos fundamentos económicos: superávit fiscal, reservas internacionales cuantiosas, una deuda pública pequeña y un Tesoro Público con dinero ahorrado equivalente a más del 10% del PBI. Por lo tanto, el Perú estaba dotado para capear la crisis sin recurrir a ayuda externa alguna.
Sin embargo, la caída de la inversión y de los stocks, provocados por la desconfianza empresarial fueron responsables de 7.1% menos de crecimiento en el 2009, lo que significaron unos 350 mil empleos menos y 5.300 millones de soles de menor recaudación fiscal. En consecuencia, el crecimiento y empleo del Perú dependen de manera decisiva del comportamiento del sector privado.
Hace dos meses el presidente Humala criticaba a los gobiernos anteriores por atribuirse el mérito del crecimiento económico que hoy disfrutamos, el cual es mérito de la laboriosidad de nuestro pueblo y empuje de empresarios grandes y pequeños. Humala se equivoca al no reparar que su actual popularidad se basa en ese crecimiento que puede desvanecerse, ya no por la crisis externa, sino por el daño infligido a la confianza que produce la clarísima marca estatista de los últimos anuncios de su Gobierno; a la indiferencia ante importantes proyectos paralizados o postergados en minería y petróleo; por la falta de pericia y compromiso para conducir los procesos de consulta previa, por la falta de disposición en enfrentar al terrorismo blanco del movimiento antiminero, y por su ambigüedad frente a la suspicacia que rodea una eventual candidatura de su esposa. Abusada Salah señala que el presidente parece estar jugando con fuego sin reparar que su popularidad puede incinerarse si ocasiona el fin de la bonanza económica, esta vez ya no a causa de eventos que suceden a miles de kilómetros, sino por actos originados en su propia casa.
En los dos primeros meses del año 2013 las exportaciones cayeron 19.3% con respecto al año anterior y las importaciones siguieron creciendo, es decir, compramos al extranjero más de lo que vendemos. Las exportaciones totales en 1990 fueron US$3,280 millones; dos décadas después, en 2012 eran de US$45,639 millones, es decir, catorce veces más.
Ahora las cosas están cambiando; no tenemos una crisis a la vuelta de la esquina, pero el futuro viene complicado. Los conflictos en la minería han obstaculizado el desarrollo de varios proyectos, pero el que marcó un hito fue el de Conga en Cajamarca, donde las protestas de grupos antimineros paralizaron el que era el más grande proyecto de inversión en la historia del país, cuyo daño es inconmensurable porque liquidó por mucho tiempo un proyecto minero que hubiera entrado en producción el próximo año y habría contribuido a aumentar las exportaciones y proporcionar las divisas que necesitamos ahora.
El departamento de Cajamarca recibió por canon minero 2.900 millones de soles, los que fueron mal utilizados, derrochados o robados por responsabilidad de los políticos y autoridades regionales y locales; aumentando la pobreza en esa región, como ha indicado Fernando Rospigliosi. Pero igual que en Cajamarca, los sucesivos gobiernos en el país no han aprovechado la bonanza para hacer las reformas necesarias en el Estado, en salud, educación, seguridad y tantas otras que se requieren.
El periodista Ricardo Serra recientemente ha publicado el informe “¿Se desacelera la economía peruana?”, en el que cita al economista Jorge Guillén quien señala que la tendencia decreciente de la manufactura no primaria evidencia una desaceleración, tendencia que viene desde el último trimestre del año pasado; lo que traerá como consecuencia que este año cerremos con un alza de solo 3,5% y no el 6% que ha pronosticado el Banco Mundial. Igualmente, la producción de electricidad, que revela la intensidad de trabajo de las empresas, también muestra una tendencia a la baja.
La desaceleración e incluso la caída de las exportaciones se explica en parte, por los menores precios de los metales, a raíz de la crisis global. Por su parte, Miguel Palomino refiere que el Perú lleva un año de desaceleración y, por lo tanto, estamos entrando en una zona negativa, y esto debido a que se ha venido postergando importantes proyectos mineros. Por lo que la principal tarea del Gobierno debería ser desbloquear el ingreso de grandes proyectos que pueden dinamizar el ritmo de las importaciones. La afectación de las inversiones, la inoperancia del sector público y los conflictos sociales son parte de los factores internos.
Ante la desaceleración económica el Gobierno ha lanzado algunas medidas, entre ellas: La creación de un equipo de gestores ejecutivos para hacer un seguimiento de los principales proyectos de inversión que se realicen en el país. El establecimiento de plazos perentorios para que el Ministerio de Cultura certifique la inexistencia de restos arqueológicos a fin de facilitar los proyectos. La creación de una ventanilla única a fin que los inversionistas obtengan los estudios de impacto ambiental. Nuevos criterios de calificación para que los gobiernos regionales y locales accedan al Fondo de Promoción a la Inversión Pública Regional y Local (Foniprel), entre otras.
Como lo señaláramos antes también es necesario dictar medidas que permitan que los fondos del Estados sean manejados con honestidad y seriedad, evitando la corrupción y una mayor burocratización del país, que puede traer como consecuencia el colapso de la Caja Fiscal. Igualmente, se requiere una evaluación de los programas sociales que en muchos casos generan corrupción y despilfarro, ya que son muchos ciudadanos que acceden a ellos sin haber sido adecuadamente evaluados, facilitando en muchos casos ocio y falta de creatividad para generar riqueza.
You might also like
More from Opinión
De los grados falsos y otras falsedades
Se ha armado un escándalo sobre la autenticidad o no de los grados académicos de magister y doctor de la …
POR KUELAP, EN EL ANIVERSARIO DE SU DESCUBRIMIENTO
Mientras Kuelap, NUESTRO monumental complejo arqueológico se encuentra frente a su inminente colapso, el MinCul sigue empecinado en utilizarlo como …
LA CIUDAD Y EL TRÁNSITO
𝙐𝙣 𝙩𝙚𝙢𝙖 𝙙𝙚 𝙞𝙣𝙣𝙚𝙜𝙖𝙗𝙡𝙚 𝙫𝙞𝙜𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙮 𝙖𝙘𝙩𝙪𝙖𝙡𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙚𝙨 𝙚𝙡 𝙩𝙧𝙖𝙣𝙨𝙞𝙩𝙤 𝙫𝙚𝙝𝙞𝙘𝙪𝙡𝙖𝙧 𝙚𝙣 𝘾𝙝𝙖𝙘𝙝𝙖𝙥𝙤𝙮𝙖𝙨, 𝙩𝙤𝙙𝙤𝙨 𝙩𝙚𝙣𝙚𝙢𝙤𝙨 𝙪𝙣𝙖 𝙥𝙤𝙨𝙞𝙘𝙞𝙤́𝙣, 𝙥𝙚𝙖𝙩𝙤𝙣𝙚𝙨, 𝙫𝙚𝙘𝙞𝙣𝙤𝙨, 𝙘𝙤𝙣𝙙𝙪𝙘𝙩𝙤𝙧𝙚𝙨, …









