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LA LUCHA DE LAS MUJERES POR LA IGUALDAD

LA LUCHA DE LAS MUJERES POR LA IGUALDAD

  Por: Dr. Leonardo Sánchez Colchado   Por siglos las mujeres de todas partes del mundo han sido objeto de discriminaciones. Aun actualmente ellas luchan por desterrar todas las formas habidas de de desigualdad. Cuando hablamos de pobrezas, las mujeres son las más vulnerables. Al finalizar 2010, Latinoamérica seguía siendo la región con las desigualdades

 

La lucha de las mujeres por la igualdad

La lucha de las mujeres por la igualdad

Por: Dr. Leonardo Sánchez Colchado

 

Por siglos las mujeres de todas partes del mundo han sido objeto de discriminaciones. Aun actualmente ellas luchan por desterrar todas las formas habidas de de desigualdad. Cuando hablamos de pobrezas, las mujeres son las más vulnerables. Al finalizar 2010, Latinoamérica seguía siendo la región con las desigualdades en el mundo. Esto es lo que afirma Amnistía Internacional en su “Informe Anual 2011 – El estado de los Derechos Humanos en el mundo”. Además de la desigualdad, el informe destaca también otras violaciones ocurridas en el continente americano a lo largo del año 2010, como persecución a defensores de derechos humanos y violencia contra las mujeres y niñas.

Por ejemplo, tenemos el caso de Haití, donde a fines de 2010, más de un millón de personas cuyas casas se destruyeron por el terremoto ocurrido en enero de ese año, continuaban viviendo en campamentos provisorios. La situación dejó a mujeres y niñas aún más vulnerables a abusos sexuales. Estos condenables atentados ocurren diariamente en muchas partes del mundo, sin que se denuncien y –en otros casos- sin que los Estados garanticen su prevención y castigo.

Leonardo Boff sostiene que la globalización como etapa nueva de la humanidad, no solamente ha puesto en contacto a las personas y a los pueblos entre sí, sino que también ha propagado por todo el mundo sus virus y bacterias, sus artes culinarias y modas, sus visiones del mundo e inclusive sus valores y antivalores. Por esto, debemos ser críticos unos con otros, para identificar prácticas inhumanas que ya no son tolerables y que, en muchos casos, tienen relación directa con la seguridad de mujeres y niñas.

Nosotros los occidentales, por ejemplo, señala Boff, somos individualistas y dualistas, tan centrados en nuestra identidad que tenemos grandes dificultades para aceptar a los diferentes a nosotros. Tendemos a tratar a los diferentes como inferiores, lo que proporciona base ideológica a nuestro espíritu colonialista e imperialista, para imponer a todo el mundo nuestros valores y visión del mundo. Pero tiene que haber limitaciones, porque algunas de ellas violan todos los parámetros de la decencia y, basta el simple sentido común para hacerlas inaceptables. Parecen más violaciones y crímenes que tradiciones culturales, por más ancestrales que se presenten. Y no sirve que antropólogos y sociólogos de la cultura salgan a defenderlas en nombre del respeto a las diferencias. Lo que es cruel es cruel en cualquier cultura y en cualquier parte del  mundo. La crueldad, por inhumana, no tiene derecho a existir.

Cuando Boff hace este comentario se está refiriendo específicamente a la mutilación genital femenina, que es practicada secularmente en 28 países de África, en Medio Oriente, en el Sudeste de Asia y en varios países europeos donde hay inmigración proveniente de esas zonas. Se calcula que existen en el mundo actualmente entre 115 y 130 millones de mujeres mutiladas genitalmente. Otras tres millones, incluyendo quinientas mil en Europa, todavía son sometidas anualmente a tales horrores. ¿De qué se trata? Pues de la remoción del clítoris y de los dos labios vaginales y en algunos sitios hasta de la sutura de los labios vulvares en niñas con edades comprendidas entre los 4 y los 14 años. Esto se hace sin ninguna preocupación higiénica con tijeras, cuchillos, navajas, agujas y hasta con trozos afilados de vidrio. Sin inimaginables los gritos de dolor y de horror, los choques emocionales y sufrimientos indecibles, y las hemorragias e infecciones que pueden ocasionar la muerte.

En Europa tales prácticas están prohibidas; las madres llevan entonces a sus hijas a sus países de origen con el pretexto de conocer a sus parientes. Y allí las espera este horror, que más que una práctica cultural es una agresión y grave violación de derechos humanos. Por detrás funciona el más primitivo machismo que busca impedir que la mujer tenga acceso al placer transformándola en objeto para el placer exclusivo del hombre. No sin razón la Organización Mundial de la Salud denunció tal práctica como tortura inaceptable.

Hay dos razones que descalifican ciertas tradiciones culturales y que no deben llevar a combatirlas. La primera, es el sufrimiento del otro; donde la diferencia cultural implica deshumanización y mutilación del otro, ahí encuentra su límite y debe ser prohibida. Ninguna persona tiene derecho a imponer sufrimiento injustificado a otra. La segunda, es la Carta de los Derechos Humanos de la ONU de 1948 suscrita por todos los Estados. Estas prácticas que conllevan violación de la dignidad humana deben ser prohibidas y castigadas, pues la ley suprema es tratar humanamente a los seres humanos. En la mutilación genital nos encontramos con una convención social inhumana y nefasta. Por eso se entiende que se haya instaurado el 6 de febrero de cada año el “Día Internacional de Tolerancia Cero a la Mutilación Genital Femenina”.

Pero no solamente estas prácticas inhumanas deben ser objeto de castigo, sino también todas las desigualdades que enfrentan las mujeres y niñas en el mundo. Al respecto, recientemente se ha publicado el “Informe Regional sobre las Respuestas a la Violencia de Género en el Cono Sur”, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, que revela la discriminación, invisibilidad en las estadísticas nacionales y resistencia para reconocer la violencia por razones de género como una violación a los derechos humanos. En muchos países de la región, con excepción de Brasil y Argentina, la legislación no incluye medidas específicas para proteger a las mujeres en situación de violencia de género. En el informe se señala que entre el 60 y 80% de los casos de violencia intrafamiliar, la denunciante es la mujer, lo que denota la evidencia de que la violencia familiar se basa en la cuestión de género. Chile es el único país, entre los analizados, en este caso Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que tipifica la muerte de mujeres por razón de género como femenicidio.

La Oficina de las Naciones Unidas critica la exposición a que son sometidas las mujeres que buscan apoyo institucional, pues muchas veces son llevadas a buscar diferentes instancias, teniendo que revivir el caso varias veces. Por lo tanto, son expuestas a procesos de victimización. El informe también revela que las Delegaciones Policiales de Mujeres representan la principal puesta en acceso a la justicia. La contratación de policías femeninas para las unidades especializadas también figura como medida importante para disminuir la inseguridad y la vergüenza por la que pasan las víctimas en el momento de la denuncia.

El colombiano Víctor de Currea Lugo en su artículo “La mujer en las revueltas árabes” señala que “las mujeres son tal vez quienes tienen más razones para revelarse en el mundo árabe, no sólo porque reciben menores salarios, sino porque gozan de menos libertades y –dependiendo el país- están sujetas a la ley islámica, enfrentan prácticas como la mutilación, tienen los niveles más bajos de analfabetismo y más altos de desempleo”. En Libia –señala el autor, el famoso Libro Verde dedica una parte a la mujer, indicando que “De acuerdo con los ginecólogos, las mujeres menstrúan cada mes más o menos, mientras que los hombres no menstrúan”. Con ese derroche de “sabiduría” y esa forma de reducir a la mujer a su biología, poco se puede esperar en materia de derechos.

En Egipto, desde el comienzo de las revueltas, las mujeres se encargaron del arreglo de las tiendas en la plaza hasta el aprovisionamiento de agua y alimentos. Sin embargo, otra cosa es lo que pasa con ellas en lo político: cuando decidieron hacer su propia “marcha del millón de mujeres”, con sus reivindicaciones específicas, fueron rechazadas incluso por muchos de sus compañeros de revuelta. Algunas de ellas fueron capturadas y la policía les obligó a ser sometidas a un “test de virginidad”, as riesgo de ser acusadas de prostitución si no eran vírgenes.

En Arabia Saudita, la principal reivindicación de las mujeres es que las permitan conducir, no para ejercer la libertad que no tienen, sino para ir al supermercado y recoger a sus hijos. En Siria, el arresto masivo de hombres, casa por casa, fue respondido por marchas de mujeres que se organizaron para exigir la libertad de los detenidos. En todos los países con revueltas, las mujeres han jugado un papel decisivo. Hay médicas cuidando heridos, activistas arengando desde los micrófonos, mujeres al frente de la organización de servicios básicos en las plazas, profesoras, blogueras, abogadas, madres y compañeras de víctimas, periodistas con velo o sin él, incluso mujeres que, como en Libia, empuñan el fusil.

La participación de las mujeres en el parlamento varías, desde cero por ciento en Arabia Saudita, hasta 23% en Túnez, pasando por 2% en Egipto en el 2008. En el nuevo Túnez, las listas para la Asamblea Nacional Constituyente deben tener hombres y mujeres de manera intercalada y para ser electas no tienen que renunciar al velo, si lo quieren usar. La Organización de Mujeres Árabes ha llamado a diálogos nacionales que tengan en cuenta los instrumentos internacionales relativos a los derechos de las mujeres. El “Informe sobre Desarrollo Humano Árabe de 2002” menciona las tres más grandes faltas de la región: inequidad de género, gobiernos autoritarios y restricciones al conocimiento.

Precisamente en Egipto, donde las mujeres son víctimas de diferentes violencias, ha surgida la figura de la musulmana Anas el Wogud Elawa, quien ha decidido asaltar un territorio reservado para hombres y militares: la presidencia de la república egipcia, vacante desde la renuncia de Hosni Mubarak. Madre de cuatro hijos, escritora, propietaria junto a su marido de un establecimiento de reparación informática y candidata presidencial, ha sido la primera en anunciar su decisión de enfrentarse a conocidos rostros masculinos en los comicios previstos para fines de este año. Pero ya ha sido víctima de insultos y ha señalado que los Hermanos Musulmanes usan la religión para controlar las mentes de la gente humilde y son guiados por fines políticos. Cabe indicar que los Hermanos Musulmanes son un partido político debidamente organizado y, tal vez cuentan con las preferencias electorales de la mayoría de egipcios.

Y para graficar mejor lo que deseamos plasmar en este artículo es que las egipcias –por ejemplo- forman parte del rompecabezas de una revolución inconclusa; aunque sufren permanentemente de acoso sexual, son calificadas con palabras de grueso calibre, se hacen inoportunos comentarios respecto de ellas, hay impunidad para los maridos violentos, en el mundo laboral, al que se han incorporado progresivamente nuevas generaciones de egipcias educadas y capaces, son tratadas con las viejas reglas del patriarcado. Contra esas adversidades deben luchar diariamente las mujeres no solamente en Egipto sino en muchas partes del planeta.

Reconocer que las mujeres son la mayoría de las víctimas de la violencia familiar y de los propios Estados, es señalado como un paso importante para hacer que las legislaciones sean efectivas.

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