PERU: SEDE DE OTRO GRAN EVENTO

PERU: SEDE DE OTRO GRAN EVENTO
PERU: SEDE DE OTRO GRAN EVENTO

Por: Dr. Leonardo Sánchez Colchado
Conductor Enfoque Globlal.com

En febrero de 2011, Perú será sede de la Tercera Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur y Países Árabes, evento que colocará nuevamente a nuestro país en las mejores vitrinas internacionales. Los países árabes que conforman este bloque son: Argelia, Arabia Saudita, Bahrein, Qatar, Comores, Yubuti, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Mauritania, Omán, Palestina, Siria, Somalia, Sudán y Túnez.

De acuerdo con el Centro de Comercio Exterior de la Cámara de Comercio de Lima, el año pasado el comercio bilateral con los países árabes alcanzó alrededor de 85 millones de dólares. Argelia, Emiratos Árabes y Qatar se constituyen en los mercados de mayor relación comercial con el Perú, pues hacia ellos se destinan nuestras exportaciones compuestas principalmente de minerales, alimentos, vidrios de seguridad para automóviles, aeronaves y barcos, neumáticos, partes de maquinarias, entre otros. Nuestros principales mercados proveedores son Bahrein, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, países a los que compramos cables de aluminio, ferromanganeso y otros. Desde Arabia Saudita se importaron productos como polipropileno y polietileno; mientras que de Emiratos Árabes Unidos adquirimos intercambiadores de calor, recipientes para gas comprimido de fundición de hierro o acero y placas, láminas, hojas y tiras de etileno.

Recientemente se ha creado la Cámara Empresarial Multinacional Peruano-Árabe, la cual se constituye en momentos en que el Perú ratifica su importancia como uno de los países con mayor potencial de desarrollo económico y líder de la recuperación latinoamericana.

Como señala Fabián Vallas Trujillo (Los retos de la seguridad y la defensa) hay que reconocer que el mundo se está moviendo en un contexto de conflicto antes que de cooperación, sobre todo tras el fin de la Guerra Fría. Cuando Samuel Huntington sentenció que “los conflictos en el nuevo ordenamiento mundial no serán principalmente ideológicos ni económicos, sino culturales”, muchos académicos buscaron encontrar el eje del desencuentro entre la llamada civilización occidental y la vertiente musulmana.

A sucesos como los atentados terroristas del 11-S, se les suma la intervención estadounidense a Irak, la continua lucha entre palestinos e israelíes, la guerra contra los talibanes en Afganistán, la guerra inconclusa de Chechenia y las constantes confrontaciones entre las comunidades musulmanas. Todo ello consolidó la imagen de enfrentamiento entre Occidente y el bloque musulmán. Sin embargo, los países sudamericanos y árabes se han mantenido al margen de esta confrontación.

Indica Vallas Trujillo que no hemos vivido “aldea global” de Marshall Mc Luhan, sino una globalización tremendamente desigual, donde el norte se convirtió en un emisor activo y el sur, en un receptor pasivo. Sólo la aparición de nuevas tecnologías y experiencia como la de Al Jazzera han buscado tender puentes Sur-Sur. Por tal motivo, los pueblos árabes y sudamericanos todavía no nos conocemos bien, excepto por los estereotipos que nos ofrece la industria de entretenimiento de Hollywood. Tampoco en nuestras sociedades resaltamos el aporte de la fusión de culturas árabe y sudamericana como producto de la inmigración.

En este difícil contexto, tenemos intereses y perspectivas comunes como, por ejemplo, la condición de ser dos regiones con inmensa riqueza energética, ya que el petróleo se encuentra principalmente en 26 yacimientos supergigantes, de los cuales diez de encuentra en Medio Oriente y dos en América Latina, es decir, México y Venezuela. Brasil podría ser incluido en esta lista, por sus recientes hallazgos de petróleo. Además, Sudamérica es potencia gasífera con Bolivia a la cabeza, así como Colombia, Ecuador, Venezuela, Brasil y Perú.

Otro tema en el que están de acuerdo los dos bloques es la necesidad de una profunda reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pues las potencias occidentales han conservado una presencia desproporcionada en dicho consejo y en otros organismos internacionales, al mantener un gran poder político, económico y militar. Desde el fin de la Guerra Fría, se ha discutido una reforma de la ONU para convertirla en un organismo realmente representativo a escala mundial. Tanto el bloque árabe como la comunidad sudamericana han sido colocados al margen de este proceso y, los cambios esperados se han ido postergando indefinidamente.

Por otro lado, el problema palestino genera solidaridad en su demanda de un Estado soberano, pero aún hay división en cuanto a cómo ayudar a ese pueblo a consolidarse como nación. Mientras la mayor parte de los países desea un bloque que ayude a la integración política y social, otros prefieren llevar la organización al terreno de la confrontación.

El internacionalista Farid Kahhat en reciente entrevista señaló que alrededor del 90 por ciento de los árabes, por lengua y cultura, profesa la religión musulmana. Además, el Corán, el libro sagrado del Islam, fue escrito originalmente en árabe, la lengua de la revelación para los musulmanes. Ser árabe no implica ser necesariamente musulmán, pues se puede hablar árabe y profesar cualquier religión como cristiano, judío o musulmán. La mayor cantidad de musulmanes en el mundo no son árabes ni viven en el Medio Oriente, como podría creerse.

Además, en el caso específico de los palestinos, que son una parte importante de los inmigrantes árabes en América Latina, debido a la ocupación israelí, no tienen un país al cual volver y para ellos nuestro continente es su único hogar.

La gente que conoce lo árabe sólo por los medios, tiene una visión equivocada de ellos, pues mucho de la cobertura mediática en países como el Perú proviene de fuentes occidentales  que, a partir del 11 de septiembre de 2001, adoptan una visión más bien equivocada, lo que evidentemente es injusto.

En nuestro país hay unos 12 mil peruanos de origen árabe, de los cuales los palestinos son más del 70 por ciento del total. La comunidad libanesa es más pequeña y los sirios son apenas unas familias. Hay ejemplos como el de la colombiana Shakira que vinculan las culturas sudamericana y árabe, ya que ella, cuyos ancestros son de origen libanés, canta en español pero mantiene el ritmo y los coros en árabe y –por lo tanto- es muy popular en Medio Oriente. En Hollywood, Salma Hayek es considerada la encarnación de la belleza latina, pero es hija de libanés. El genotipo latino y el árabe, en general, son bastantes parecidos, contra lo que se suele pensar, señala Farid Kahhat.

A favor de la corriente que Samuel Huntington impulsó en el verano de 1993 y con el añadido de una contraproducente “guerra contra el terror”, se ha ido consolidando un escenario internacional que define al Islam como el nuevo enemigo a batir. Así, se ha procurado revestir a ese concepto con todos los ropajes de la peor especie, desde antidemocrático hasta directamente terrorista, pasando por machista, violento y retrógrado con el fin de identificarlo como una amenaza de orden global que pondría en peligro nuestra propia supervivencia y civilización.

También conviene destacar la interesada confusión de quienes promueven que aislamiento político y terrorismo internacional son la misma cosa. Quienes así actúan buscan generar la impresión de que los más de 1,700 millones de musulmanes que hay en el planeta son terroristas en potencia y deben ser controlados como enemigos. Por el contrario, ellos contribuyen en forma muy positiva al mantenimiento de nuestros sistemas productivos  y son, hoy por hoy, un buen negocio en la medida en que reportan a cada uno de los Estados en los que residen mucho más de lo que reciben de éstos.

Uno de los centros de investigación del Foro Pew ha presentado un estudio sobre el número y la distribución de la población musulmana en el mundo. Como era previsible, ésta ha aumentado con el tiempo a 1,700 millones. El tema no es un asunto que en nuestro país no toque de manera directa, ya que en el Perú sólo hay unos mil musulmanes, de los cuales 400 están en Lima y el resto están dispersos sobre todo en el sur; además solo existen mezquitas en Lima y Tacna. En Ecuador y Bolivia son unos dos mil, en Chile unos cuatro mil, en Colombia 14 mil, en Brasil caso 200 mil y en Argentina unos 800 mil.

Como podemos apreciar son muchas cosas –sobre todo culturales- los que nos unen a los árabes, quienes son personas que han contribuido al desarrollo de las sociedades donde se han afincado; son pacifistas y muy solidarios, tienen muy arraigado en sentido de unidad familiar y afectivo con el entorno amical.

Pero uno de los temas que consideramos debe ser objeto de amplio y serio debate es el conflicto palestino-israelí, que lleva más treinta años sin solución y, sin que la comunidad internacional ponga interés en este tema. Nosotros hacemos un llamado a ambos bloques para que hagan una propuesta viable ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y los gobiernos de las potencias mundiales para que pongan fin a este conflicto y de esa manera nuestros hermanos palestinos por fin encuentren la paz y una vida digna.

Por otro lado, el agua representa un recurso en peligro para ambos bloques, sobre todo para los países árabes cuyos gobiernos han comenzado a trazar una serie de estrategias para mitigar los efectos del cambio climático, tal como se hace actualmente en América del Sur. En vista de que el norte de África y Medio Oriente constituyen una de las regiones más secas del Globo, los estudios técnicos no dudan en advertir que esta zona enfrentará una severa escasez de agua dentro de cinco años. A partir del 2015, si la crisis climática continúa su curso, los árabes tendrán que sobrevivir con menos de 500 metros cúbicos de agua por año, cuando el promedio mundial actual se sitúa en seis mil metros cúbicos por persona, según cifras proporcionadas por el Foro Árabe para el Medio Ambiente y el Desarrollo.

A ello se suma el hecho de que la población árabe llegará a casi 600 millones hacia mediados de siglo, duplicando su actual nivel de 360 millones de habitantes en estos países. Por lo tanto, la situación demanda de respuestas urgentes.

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